Dengue: una epidemia ilegítima

El aumento de casos de dengue en la provincia de Chaco ha despertado polémicas y temor en las autoridades políticas y sanitarias.

Pero ni siquiera los medios, o los funcionarios de turno, se atreven a calificar este incremento de enfermos como de epidemia. Tal vez crean que el término genere más desesperación en los pueblos afectados.

El gobernador chaqueño, Jorge Capitanich, dijo hace dos días en un programa de TV que había un “brote”. De alguna manera, minimizó los datos del intendente de la localidad chaqueña de Charata, donde el crecimiento del foco infeccioso continúa en aumento.

Ayer, el intendente de esta población aseguró que hay 6000 casos, es decir, que el 17% del pueblo tiene la enfermedad.

La palabra epidemia no es mala ni peyorativa por sí sola; conviene remontarse a sus orígenes para entender por qué, en esta situación, en Chaco hay una epidemia de dengue y no, como se desviven en afirmar los funcionarios, “un brote”, “un foco”, “un aumento de casos”.

Considerado el padre de la epidemiología, el inglés John Snow descubrió en 1849 que el agua es el principal vehículo del cólera y de otras enfermedades infecciosas.

Una epidemia ocurre cuando el número de casos es superior al esperado. Es ambigua la definición, pero alcanza para entender que los chaqueños están viviendo una epidemia, puesto que los casos se han extendido ya más allá de las expectativas: el ministerio de Salud de la Nación ha debido enviarles insecticida, partidas de medicamentos y dinero para combatir al mosquito.

La primera herramienta para ganar la batalla es admitir que se está en combate.

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