Largas filas y rostros agotados son los que se observan en distintos centros de atención médica en Buenos Aires. Los argentinos que viajan a Brasil soportan el calor para vacunarse contra la fiebre amarilla, alertados sobre todo por los medios de comunicación.
Si bien se conoció la noticia de algunos casos en animales en Misiones, la información es llamativa, por la relevancia que se le ha dado a una enfermedad que, en principio, ha tenido más víctimas entre los monos que entre los humanos. De hecho, se desestimó uno de una misionera.
El propio estado brasileño asegura que desde 1942 no se registró ningún caso de fiebre amarilla urbana. Esta infección suele ser transmitida por el mosquito Aedes Aegypty, el mismo del dengue. Sin embargo, -los medios masivos no aclaran esto-, en Brasil es prevalente el mosquito Haemagogus, también transmisor de la yellow fever.
En la embajada de Brasil en Buenos Aires aseguran que su país no exige un certificado de vacunación contra este mal, si bien lo recomienda ante la aparición de casos en algunas zonas rurales brasileñas.
Por otra parte, los grandes diarios -a excepción de uno- tampoco informan correctamente sobre quiénes deberían vacunarse sin chistar. Según las autoridades brasileñas y el Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de los Estados Unidos, es de utilidad la vacuna si el destino de los viajeros es alguno de los estados epidémicos, como la Amazonia, o si el trayecto se hace por tierra, a través de la frontera en Misiones o en Paraguay.
Los que viajan en avión a ciudades turísticas como Santos, Río de Janeiro, Maceió o Recife, por citar algunas, no lo necesitarán, ya que estos destinos están fuera de las zonas signadas como epidémicas.
Los medios también confunden: hoy escribieron que “las playas del sur del país vecino no están consideradas hasta el momento zonas de transmisión“. No es cierto, porque estas playas están dentro de estados con casos registrados (como Río Grande do Sul), aunque, como recuerda el ministerio de Salud brasileño, los casos son en animales y en zonas rurales, por lo que el turista argentino en busca de caipirinha no tendrá que preocuparse.
Sin embargo, y para bajar la ansiedad, un último dato sobre la febre amarela. Una fuente me comentó que la activa publicación de notas que tiene la fiebre amarilla tiene sus interesados, más allá de la información.
Parece que los empresarios de la Costa Atlántica que tienen negocios con los medios del Grupo Clarín ven con excelentes ojos los trastornos que genera la fiebre a los viajeros argentinos.
Esta fuente, que trabaja en una de las empresas del poderoso multimedio, me aseguró que los empresarios turísticos que pautan con Clarín hacen fuerza para que sigan apareciendo artículos de “alerta”; “otro caso de fiebre amarilla”; etcétera.
Ante tanta catarata informativa, lo mejor será usar el sentido común. Si se quiere quedar tranquilo, vacúnese; haga la fila o pague unos 150 pesos en centros de vacunación privados.
Si viaja en avión, olvídese y como prevención, lleve un repelente.
Fuentes: embajada de Brasil; CDC; OMS; ANVISA; Clarín.
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