Con los pelos de punta

Hubo una vez un gobernador argentino que saltó de la sección política de los matutinos al sector espectáculos. También ocupó algún suelto en secciones de información general y hasta de la farándula. El traspaso no fue por un amorío, ni un escándalo con votantes: palabras y comentarios fluyeron cuando el elegante señor se mostró con una nueva y frondosa cabellera.

El cabello, la cabellera o su nombre más cotidiano, el “pelo”, es, desde varias décadas, motivo de preocupación de muchos hombres: no por su presencia, sino todo lo contrario. La medicina y la tecnología han logrado algunos avances para los que padecen el trastorno, aunque en medio de este camino surgen muchos tratamientos que no son tales.

La alopecia androgenética es el registro científico para la calvicie masculina. Fue abordada en los años cincuenta por el inglés James Hamilton, quien estudió los patrones de hombres y mujeres. Así, clasificó la pérdida de cabello en distintos tipos. Otro investigador actualizó esta tipología en 1975 y así se pudo concluir que la pérdida de cabellera era el resultado de factores genéticos, de envejecimiento, de enfermedades cutáneas locales y, en algunos casos, de patologías que afectan al organismo en general (sistémicas).

Lo primero será, para el galeno, determinar mediante anamnesis y estudios, el tipo de pérdida y, a renglón seguido, sus causas. Según los autores Sperling y Mezebish, hay distintas variantes de calvicie y la que sufren la mayoría de los hombres –alopecia androgénica- debe definirse como escasez de cabello y no, caída.

Qué hacer

Si el trastorno está avanzado, el mercado farmacéutico ofrece algunas soluciones.

Dos drogas son la base del tratamiento: el minoxidil y el finasteride. Luego aparecen algunos compuestos como la vitamina H, el d-pantenol y la biotina, que refuerzan el folículo piloso.

El primero es comercializado por los Laboratorios Maigal y Macbirs. El segundo, en estado preponderante en su formulación, es vendido por Merck, Northia, Cinetic, entre otras empresas farmacéuticas.

Javier Vito, gerente de producto de Merck, explica las ventajas y desventajas de esta droga. “La aplicación terapéutica sigue creciendo, como también aumentan otros productos, como los aminoácidos y el minoxidil”. Según el directivo, esta tendencia empezó a crecer cuando comenzó el auge de los centros para tratar la calvicie. Incluso en algunos de ellos los médicos dermatólogos recetan finasteride.

Esta droga es de venta bajo receta y así como tiene buenos resultados, tiene efectos adversos. “Tiene una fácil administración, ya que se trata de una pastilla y no se necesita bañarse y aplicarse durante la ducha el producto, como ocurre con el minoxidil. Tiene una acción sistémica pero y apunta a hombres jóvenes”, explica.

El palo en la rueda de este fármaco es, según se mostró en estudios multicéntricos, que entre sus efectos adversos disminuye el deseo sexual. “Para hacer una aproximación, en los estudios se mostró que 2 de cada 100 hombres en tratamiento tenían una disminución de la libido –reconoce Vito- pero que al dejar el producto recuperaban ese deseo”.

El peluquín es demodé

Al menos los calvos recurren a otras respuestas: se rapan bien al ras, usan gorras, boinas o sombreros; se hacen transplantes.

Existen, también, varias compañías que ofrecen tratamientos no farmacológicos, como la gimnasia capilar o el injerto pelo por pelo. La efectividad dependerá de cada paciente –de su tipo de alopecia- y de la seriedad con que se realice el asunto.

Más información puede ser relevada en el American Family Physician, en este link.

Fuentes: National Library of Medicine. Merck, Sharp & Dohme Argentina.

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